Este 15 de marzo en Plaza Cultural Los Laureles, a las 19:00 horas; estará presente la autora del libro.

** Presentación de la obra a cargo de Gabriel Ortiz y Martha Retana.

Como parte de las actividades de fomento a la lectura y la escritura que realiza la Secretaría de Cultura, el próximo viernes 15 de marzo en punto de las 19:00 horas, se presentará el libro “Una historia de amor sin final feliz”, de la joven escritora chihuahuense Christine Alicia en la Plaza Cultural Los Laureles.

“Dicen que para escribir un poema o algunos cuantos versos, se necesita estar muy enamorado o completamente desdichado, y honestamente creo que es cierto. Cuando comencé a escribir este libro, estaba locamente enamorada, y cuando terminé de escribirlo aún sufría el dolor que me provocaron al romperme el corazón”, comenta la escritora.

La novela relata un romance juvenil con tintes de suspenso, ambientada en Fairbanks, Alaska “Las escuelas terminan las clases, las familias llevan a cabo sus planes para las vacaciones familiares, pero para Allan solo es un verano más en el que debe escuchar a sus padres discutir sobre con quien pasará el verano. Todo apuntaba a que iba ser solo otro año más, añorando cumplir los 18 años para irse de casa a vivir solo, aunque eso no era algo que lo animaba mucho, hasta que vio un rostro conocido por la ventana de su cuarto, en la casa vecina donde antes vivía su amiga Wendy, o aún vivía. Era un rostro familiar, la conocía desde que eran pequeños y el solo hecho de verla y recordar todo lo que pasaron juntos hizo que sus mejillas se ruborizaran y se asomara una sonrisa alegre en su rostro”.

La novela relata un romance juvenil con tintes de suspenso, ambientada en Fairbanks, Alaska “Las escuelas terminan las clases, las familias llevan a cabo sus planes para las vacaciones familiares, pero para Allan solo es un verano más en el que debe escuchar a sus padres discutir sobre con quien pasará el verano. Todo apuntaba a que iba ser solo otro año más, añorando cumplir los 18 años para irse de casa a vivir solo, aunque eso no era algo que lo animaba mucho, hasta que vio un rostro conocido por la ventana de su cuarto, en la casa vecina donde antes vivía su amiga Wendy, o aún vivía. Era un rostro familiar, la conocía desde que eran pequeños y el solo hecho de verla y recordar todo lo que pasaron juntos hizo que sus mejillas se ruborizaran y se asomara una sonrisa alegre en su rostro”.


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